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Figuig, una ciudad exótica (Segunda parte)
En: Ciudades de Marruecos28 Diciembre 2007
El trabajo de la tierra se basa en una elaboración rigurosa de terrazas y en un trabajo intensivo de las superficies agrícolas, con un policultivo escalonado que recuerda el mundo de los oasis.
Tras crear un microclima de frescura, los cultivos elegidos se adaptan a los suelos, a los recursos limitados en agua y responden a las prácticas alimentarias locales.
La palmera datilera, una de las especulaciones que define el mejor Figuig, e incluida la presencia da prueba de la facticidad y la fragilidad del sistema oasien, sigue ocupando ampliamente el norte del oasis, aunque la enfermedad de la fusariosis, que parece hacer devastaciones, empieza seriamente este medio ambiente, como los de todo el Oeste sahariano.
Distribuido en los ksours, en razón de un 37% en el Znaga, un 18% a EL Maïz, 15% Loudaghir, un 9% a Ouled Slimane, un 8% a hammam Fouqani, a hammam Tahtani y un 7% a Laâbidate, la cesta datilera cuenta hoy menos de 90.000 pies contra 110.600 en 1920. Se cuenta una decena de variedades de palmeras datileras a Figuig, cuyo lo celebra Aziza, similar al famoso Deglet Nour.
Bajo los painiiers, una sombra beneficiosa a los cultivos es la causa de un microclima que favorece el cultivo de árboles frutales, (granadero, olivar, higuera y variedades introducidas recientemente como el albaricoquero, la vid y el peral) que se añaden a los cultivos anuales y estacionales sobre la mayor parte de la superficie irrigada.
Los cultivos de la huerta (zanahorias, tomates, pepinos...) allí encuentran un lugar destacado, mientras que las plantas forrajeras, como el maíz y la alfalfa, se alternan con el trigo y la cebada, en asociación con la ganadería, el cual sigue siendo una actividad ejercida esencialmente en establo.
En los alrededores de Figuig, una explotación pastoral de los recursos vegetales esteparios señala el espacio. La gran confederación de las tribus del Beni Gull y el Ammor frecuente, con sus manadas, se es como invierno, los cursos del ámbito alfatier, que se extienden hasta las mesetas de Tendrara, un ámbito dominado por el Haloxylon scoparium, llamado dahra por los nómadas.
Es probablemente en estos espacios que Figuig intenta reconstituir vínculos extraoasiens y que sus familias ampliadas intentan, por el juego de la solidaridad, reunir sus esfuerzos y definir las líneas de conducta que les permiten dibujar la energía necesaria con el fin de adaptarse continuamente a un mundo agropastoral en cambio.
Ya que a Figuig, la ingeniosidad y el dinamismo de los hombres y mujeres no dejan de evolucionar en función de lo que llega del exterior por medio del sector audiovisual, la emigración y los contactos personales, destinado a garantizar la supervivencia de un sistema socioeconómico rural a veces soplado.
Este oasis no se fue referido nunca por una acción de gran envergadura del Estado, como es el caso en el Tafilalet y en el valle del Draâ. Por eso, observa algunas señales, como el envejecimiento del palmar y la notable proyección del frente urbano sobre las parcelas agrícolas, índices de peligros que acechan el modelo de arboricultura exuberante a cultura intercalados densos que caracterizaba a Figuig.
Aquí, la lucha contra la desertización es un eterno comienzo. Afectada por las sequías que perturban las condiciones de vida y existencia, sujeta a una presión demográfica constante, Figuig sufre también importantes migraciones que contribuyen a reducir su autonomía material y social.
Señal de esperanza, algunos jóvenes a la voluntad dura, intentan arreglar un perímetro irrigado en el lavabo que bordea el eje de carreteras que conduce a Bouaârfa, volviendo a dar vida a terrenos hasta ahora incultos y participando en una mejor gestión del agua.