Patrocinadores
¿Interesante?
Opina sobre este artículoCategorías
Los más leídos
El zoko Marroquí
en Cultura y sociedadEl souk (zoco), que podría ser el equivalente de un Mercado en España, también se puede llamar en el caso de Persa o turco como Bazar, aunque cuando se habla de éste último en Marruecos, se refiere más bien a un tipo de tiendas de artesanía abierta especi
Información práctica sobre Marruecos
en Marruecos el PaísAl otro lado del estrecho de Gibraltar, esta situado al extremo Noroeste del continente africano. El país se extiende sobre una superficie de 710.850 Km2 y dispone de un litoral de 3.400 Km con 2 fachadas marítimas: (2.000 Km en el atlántico y 1.500 Km en
Ciudad de Tetuán, la paloma blanca
en Ciudades de MarruecosLa ciudad blanca, antigua capital del protectorado español y la hermana pequeña de Granada
Mueso arquelógico de Tetuán
en Qué visitarSe sitúa en el centro de la ciudad a la intersección entre la Medina y la ciudad moderna. Ocupa un edificio construido especialmente para este fin en 1939 e inaugurado el 19 de julio de 1940. Tiene un gran valor científico y patrimonial.
La ciudad de Chaouen
en Ciudades de MarruecosA unos 60 kilómetros de Tetuán, al noroeste de Marruecos, una bella ciudad de montaña nos abre las puertas de África y su provincia regala al viajero, además, 120 kilómetros de costa mediterránea.
Ciudades Imperiales en Marruecos
En: Marruecos el País09 Agosto 2007
Descubrir las Ciudades imperiales de Marruecos es pasar de la costa atlántica a las montañas del Atlas a través de paisajes y patrimonios arquitectónicos, culturales y artísticos cada vez diferente. Ya que cada una de estas ciudades míticas fue fundada por una gran dinastía árabe o berberisca que, a un cambio de dirección de la Historia, hizo su capital.
Señaladas del sello de su fundador, estos antiguos cursos imperiales y sus riquezas se codean con Marruecos de hoy que reivindica alta y fuertemente una alianza exitosa entre tradición y modernidad.
"a gran rey, gran ciudad", dicho del historiador de magrebí del siglo XIV, Ibn Khaldoun. Por toda evidencia, las capitales imperiales son la herencia de las distintas dinastías (Idrisside, Almoravide, Almohade, Mérinide, Saadienne, y Alaouita). Estos soberanos conquistadores, cuyo poder se extiende en un territorio inmenso y próspero, deseaban grabar en rocas la potencia de su reino.
Cuando una dinastía marroquí elige su residencia a Fès, Marrakech, Rabat o Meknès, la ciudad, que se ha convertido en capital (âsima), se prevé de monumentos (palacio, mezquitas, mausoleos) que dan prueba del prestigio del príncipe a los ojos de sus contemporáneos y la historia. Mundo de tamaño, refinamiento y lujo, la ciudad real es también un universo mítico que inspira a los autores mediavales imágenes de leyenda.
La presencia del tribunal en una ciudad decide el aspecto monumental de sus edificios, del perfeccionamiento de su arquitectura y su arte y, finalmente, de sus dimensiones. Acogiendo en adelante la vida oficial de rey, con sus recepciones y su ceremonial, así que su vida privada, se siente en el deber de ser la expresión más perfecta de las realizaciones arquitectónicas del tiempo.
Las cuatro ciudades imperiales de Marruecos presentan siempre el mismo esquema: una estructura urbana densa, estrechada entre defensas flanqueadas de vueltas de guet y defensa. Al medio del enredo de las callejuelas, grandes ejes conectan las puertas del recinto.
A pesar de este aparente desorden, la construcción de estas ciudades obedece a imperativos resultantes de una lógica específica: exterioridad del casbah (la ciudadela de príncipe), posición central de la gran mezquita, segregación religiosa y étnica, diferenciación de los barrios a vocación económica y residenciales, localización de las actividades en función de la contaminación que generan.
La organización jerárquica de las vías da al plan una forma particular, desde las grandes vías principales casi rectilíneas, pasando por las callejuelas que dan acceso a los barrios, hasta a los pequeños callejones sin salida familiares privados que aíslan las casas y la protegen de las miradas extranjeras. Las callejuelas constituyen una verdadera tela de araña que conecta el interior al exterior y todos los lugares de intercambio y comunicación.
La medina, la ciudad histórica, es pues un lugar abierto a la circulación, cuyos lugares privilegiados son el o las grandes mezquitas, los souks y el casbah. Pero, limitada por un recinto proveído de puertas.
Distintas normas usuales regulan la localización de las actividades en la ciudad. A los callejones sin salida y a las callejuelas silenciosas y desérticas se oponen las calles entorpecidas de una muchedumbre ruidosa que invada el souk para comprar y vender.
La zona comercial de la medina, desbarajuste de pequeñas tiendas, depósitos y souks semirrurales, se pide según una jerarquía que vaya del centro hacia las defensas. Este orden obedece a varios criterios: un criterio subjetivo, que tiene en cuenta el valor de los productos propuestos según su calidad fabricada y su grado de transformación, y un criterio de conveniencia.
Las actividades contaminantes a menudo se instalan en proximidad de los lugares convenientes - puntos de agua -, lejos del centro, mientras que la fabricación y la venta de los productos de lujo se establecen cerca de la mezquita. No obstante, existe modelo apenas fijo de esta disposición; numerosos son los mercados o los oficios que desaparecen, se desplazan o se dispersan. El lugar culminante de este dispositivo es el qissariya.
Ocupando tradicionalmente una posición central, está constituida por un conjunto de construcciones que tienen un plan bastante regular, como a Fès, y se cruza por calles paralelas cortándose a ángulo derecho, del que todas las salidas se proveen de puertas que se cierran por la noche. Se agrupan a los comerciantes también por especialidades según la naturaleza de los productos vendidos.
La Gran Mezquita guarda la alta mano sobre todas las actividades de ésta: es el lugar del culto, la universidad, el tribunal, el asilo inviolable, el espacio de facilidad de uso donde deben llenarse sin obstáculo los deberes hacia Dios y hacia los hombres.
Símbolo social y urbano de una potencia susceptible de impresionar los espíritus, el alminar, que supera el conjunto de la ciudad, resume la ética ciudadana. La llamada al rezo que lanza el almuecín cinco veces al día y que subraya el desarrollo del día es un recordatorio de la unidad de la comunidad musulmán.